2019

Sociedades libres (SL)

Un portal sobre el proceso secesionista seguido en Cataluña por sus dirigentes políticos

Traducción al alemán, catalán e inglés

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¿Qué es la manipulación histórica?

Román Langosto

Un grupo humano señalado por virtudes morales, actividad económica y valores culturales se siente amenazado. Entiende que radicarse en estado separado sería positivo para sus intereses. Evidentemente no vive aislado, sino en sociedad plural y junto a otro conjunto humano que no participa de semejantes ideas. En ese momento, tanto al grupo primero como al segundo les asiste una legislación que ha sido repetidamente sufragada y reiteradamente estimada.

Sin embargo, un día, un dirigente de ese primer grupo —grupo que ha sido desde siempre favorecido por la ley, ya sea para facilitar su modo de vida, ya sea porque el grupo ha omitido muchas veces obedecer ciertas sentencias— decide que ha llegado el momento de separarse. Se vive con plena autonomía, y en esa autonomía se distinguen los políticos del primer grupo por su abierta corrupción. A pesar de todo, el dirigente aludido prepara el camino para la secesión.

En un primer momento, se celebra un referéndum, el 9 N. La consecuencia es nula, principalmente porque los políticos del gobierno del Estado no han querido entender la deriva del asunto y no toman medidas para atajar el comportamiento. Una especie de fiebre colectiva, un por ahí les ha dado, y no le conceden importancia ni despierta su interés.

En una segunda coyuntura, y ya con cambio de líder, envalentonados y creyendo que no iba a pasar tampoco nada, se prepara otro referéndum. Esta segunda prueba ha sido clara y machaconamente prohibida, dado que no respeta en lo más mínimo las leyes vigentes. Se produce un grave conflicto en alguna sede del gobierno autónomo, con miles de personas violentando a los representantes judiciales. Con todo, el supuesto referéndum se celebra. No hay la menor sombra de legalidad y los observadores extranjeros llamados y bien pagados por los secesionistas proclaman que de ninguna manera se trata de un referéndum equiparable a cualquiera en el ámbito europeo.

El dirigente del primer grupo jalea a la población que supone de su cuerda para que acuda en masa. El 1 O ocurre la votación y la justicia, tras advertir reiteradamente de la concurrencia en delito, ordena a la fuerza pública que impida el acto. Se suceden los disturbios. La policía intenta entrar en las sedes electorales y los asistentes se lo impiden. Más disturbios. Hay violencia. Por la noche, los policías son asediados. Posteriormente, y con arreglo a un resultado que, a todas luces, ya estaba decidido, por encima del 95%, en el que los votos estaban en las urnas antes que los echaran los votantes y en tanto algunas personas han podido votar reiteradamente en muchas sedes, dado el descontrol censal, se proclama unilateralmente la independencia. Algunos de los promotores de la secesión huyen, otros son encarcelados preventivamente en razón de la posibilidad, nada extraordinaria, de que se fuguen como los anteriores.

Pasa el tiempo, un año, el grupo encabezado por los secesionistas y gracias a haber sumado los votos en sufragio, sigue mandando en el gobierno autónomo, con lo que inicia una larga campaña de acoso a todo lo español y a todo español, a todo el que se manifieste en contra de sus ideas, aprovechando cualquier rendija que pueda desgastar a cualquiera de los estamentos del Estado. El grupo secesionista sigue imperturbable en su fin, manejando una televisión puesta a su servicio y con unos medios muy capaces también a su favor.

Pero ahora empieza la manipulación. Ganar el relato se denomina últimamente la maniobra. Se trata de darle la vuelta al asunto, de hacer creer que todo fue al revés. Los malos son los españoles, que no permitieron la destrucción de su propio país, España. Los malos también fueron los policías, que obedecieron órdenes de los jueces. Los malos son, cómo no, los medios de comunicación españoles, que no participan de su juego, y los malos son todos aquellos que no ostentan un lazo amarillo como solidaridad y en abierta rebeldía contra España, sus instituciones y sus ciudadanos.

Sin embargo, ellos se reconocen como demócratas, incluso más, como exquisitos demócratas que han puesto las urnas al pueblo, que han obedecido el mandato emanado en votación ejemplar y legítima y que mantienen la llama del respaldo en espera de futuros altercados. Semejante tesis es distribuida a todas horas entre las gentes que atienden a según qué medios. Finalmente, tales oyentes, de un sectarismo que en cualquier lugar y circunstancia llamaría seriamente la atención, se dedican a difundir el mensaje de su intrínseca bondad en cualquier círculo y a cualquier hora. Por ejemplo y sin camuflaje alguno, portando lazos amarillos en solidaridad con presos, fugados y reivindicando el delito cometido, y la audacia la perpetran, por ejemplo, ante menores de edad en colegios e institutos, donde se supone que debería imperar la más delicada distancia de signos de cualquier tipo, fueren políticos, religiosos, deportivos o de otro calibre.

Darle vuelta, transformar hasta el extremo los hechos, presentarlos como una agresión de un Estado totalitario contra la ternura de unos sujetos que ejercían su más amable libertad en colegios electorales, eso es la manipulación. La de este tiempo, la de épocas anteriores todavía es más corruptora, si cabe.

Barcelona, 18/11/2018

Román Langosto

 

 

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• Libros sobre el proceso secesionista seguido en Cataluña por sus dirigentes políticos. Acceso.

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• Vídeos sobre el proceso secesionista seguido en Cataluña en las escuelas y en las calles. Acceso

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